Creador de torturas se enfrenta cara a cara con prisioneros torturados

James Mitchell, excontratista de la CIA, estuvo como testigo en un juicio por los ataques del 9-11.

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FORT MEADE, Maryland — Uno de los creadores de las torturas empleadas por la CIA después de los ataques del 11 de septiembre de 2001 enfrentó a los hombres sometidos a ellas el martes, al comparecer como testigo en una audiencia que decidirá si ciertas pruebas cruciales pueden ser utilizadas en contra de esos hombres en el juicio por sus presuntos papeles en esos actos terroristas.

James Mitchell, psicólogo retirado de la fuerza aérea y excontratista de la CIA, declaró por primera vez en la base naval estadounidense de Guantánamo, Cuba, donde cinco hombres serán juzgados por un tribunal militar el año entrante.

La exagente de la CIA Valerie Plame, que fue protagonista de portadas en todo el mundo en 2003 después de que su identidad fuese revelada por el gobierno estadounidense, anunció que se presentará a la Cámara de Representantes de EEUU en las elecciones de noviembre de 2020.

Mitchell aceptó declarar en Guantánamo para dar su versión de los hechos, que también detalló en el libro “Enhanced Interrogation” (interrogatorio acentuado), cuyo coautor es un vocero de la CIA.

“Me complace hablar sobre mi papel en el programa y lo que hizo el programa”, dijo Mitchell a la corte.

Sin embargo, en ocasiones parecía ofendido por las preguntas.

Un día después de su intervención, su hígado colapsó y los médicos le indicaron que no había más nada que hacer para tratar el cáncer que contrajo 16 años después de haber salvado a todas las personas que pudo, en medio de los escombros y destrucción del peor atentado terrorista en la historia de Estados Unidos.

Cuando el abogado defensor, James Connell, agradeció su presencia en la corte, replicó que “lo hice por las víctimas y familias, no por usted”.

Mitchell y otro psicólogo, Bruce Jessen, fueron contratados por la CIA para desarrollar los interrogatorios, que incluyeron la temioble técnica del submarino (se le arroja agua al prisionero con la cara enfundada), la privación de sueño y la sujeción prolongada en “posiciones estresantes”, todos considerados ahora como torturas.

Los defensores de los cinco acusados han convocado como testigos a los contratistas, que participaron de los interrogatorios en instalaciones clandestinas de la CIA, para tratar de desacreditar las declaraciones de los acusados al FBI.

Mitchell y Jessen declararon en una demanda iniciada por la Unión Americana de Libertades Civiles en nombre de tres exprisioneros, uno de los cuales murió en la cárcel.

El caso fue cerrado tras un acuerdo no divulgado en agosto de 2017 y los dos excontratistas no declararon ante la corte.

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