Muere el zar de las esmeraldas

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    Muere el zar de las esmeraldas
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    BOGOTA (Colombia) - Víctor Carranza, el campesino que se hizo multimillonario gracias a la explotación de esmeraldas y a quien durante casi toda su vida se lo relacionó con el paramilitarismo sin que nunca recibiera una condena, murió el jueves de cáncer. Tenía 77 años.

    Carranza falleció en la clínica Fundación Santa Fe de Bogotá el jueves cerca del mediodía local. Llevaba más de una semana hospitalizado por un cáncer de pulmón, indicó en diálogo telefónico con The Associated Press monseñor Héctor Gutiérrez, quien esta semana aplicó los santos óleos a Carranza en la clínica y lo conocía de los años 80.

    "Nos acaban de informar de la clínica en Bogotá, de la Fundación Santa Fe, que don Víctor ha fallecido", dijo el prelado sin ofrecer otros detalles.

    Poco después uno de los hermanos de Carranza, Julio, de 78 años, dijo a reporteros apostados en la clínica que Víctor "era consciente que iba a morir" de cáncer de pulmón y de próstata.

    "Por el momento no se ha decidido cuándo serían las honras fúnebres", dijo Julio Carranza.

    La clínica no comentó el caso.

    Apenas se conoció la muerte de Carranza, líderes y empresarios del negocio de las esmeraldas expidieron un comunicado -leído por monseñor Gutiérrez- en el que aseguraron que como homenaje a su memoria ratificaban su "compromiso inquebrantable de seguir trabajando por la paz".

    Con sólo ocho años, Carranza dejó su pueblo natal de Guateque y empezó a probar suerte en los ríos aledaños a las minas de esmeraldas para ver si encontraba minúsculas piedras. Tres años después se empleó como minero en Chivor y en 1947 se marchó para Gachalá, una localidad a 63 kilómetros de la capital colombiana y donde se había descubierto una mina de esmeraldas.

    Ahí empezó la leyenda de Víctor Manuel Carranza Niño o del "Zar de las esmeraldas", según la cual las esmeraldas le hablaban en los socavones para que las sacara.

    "He sido de buenas, las esmeraldas me llaman", comentaba con sorna.

    Pero al tiempo que crecía su prestigio de hombre adinerado y tacaño empedernido también se hacía fama de hombre violento que no se arredraba ante nada ni nadie porque andaba con hombres armados pagados por él.

    Entonces empezaron las guerras por el dominio de las minas de esmeraldas y, desde luego, Carranza apareció en primera fila para defender lo que él consideraba suyo.

    En el libro "Víctor Carranza, alias El Patrón" (2012) del sacerdote jesuita Javier Giraldo y el legislador izquierdista Iván Cepeda, se dice que entre 1965 y 1990 se libraron tres guerras por el dominio de las esmeraldas. En la primera murieron unas 1.200 personas, en la segunda los muertos se contaron por decenas y en la tercera se calcula que sumaron unos 3.500. Al cabo de 25 años de "guerra verde", Carranza salió ileso y fortalecido respecto de sus enemigos.

    "El poder mío es que tengo unos pesos, ganados con el sudor de mi frente, trabajados limpiamente. Así se lo he dicho a los paramilitares y a la guerrilla: yo no les suelto un peso porque lo mío es mío", decía Carranza con eso tono humilde que siempre lo caracterizó y que, incluso, lo hacía ver como a un viejo bonachón.

    De la mano de la Iglesia Católica, a finales de los años 80, Carranza lideró un proceso de paz en la zona de esmeraldas de Boyacá.

    Uno de los religiosos que acompañó ese proceso fue monseñor Gutiérrez, obispo entre 1998 y 2004 del municipio de Chiquinquirá. En el proceso de paz entre los esmeralderos, comentó monseñor Gutiérrez en entrevista telefónica con la AP, "ocupó un lugar muy especial don Víctor Carranza... por ser el líder de ese momento y hoy en día también de las minas... y por tener un gran influjo sobre la comunidad".

    César Tulio Bernal, ex congresista y amigo personal de Carranza, destacó en entrevista telefónica que Carranza siempre tuvo relaciones con el mundo político.

    "El 80% de la clase política de Boyacá tuvo que ver con Carranza, eso no lo puede negar nadie. En torno a la vida y personalidad de don Víctor se ha creado todo un mito", añadió Bernal.

    Firmada la supuesta paz en 1990, Carranza empezó a ampliar sus dominios y miró para las tierras que había comprado unos cinco años antes en Puerto López, a unos 137 kilómetros al sureste de Bogotá. Allí afianzó su fama de paramilitar gracias a "Los Carranceros", el ejército de hombres armados que trabajaba para él y que sembraba temor entre la gente.

    La noche del 24 de febrero de 1998, después de más de 40 años de estar bajo sospecha, Carranza fue encarcelado por su presunta asociación con el paramilitarismo. La captura se produjo en su lujosa hacienda "Cantarranas", en el norte bogotano.

    El fiscal general de entonces, Alfonso Gómez Méndez (1997-2001), había tenido en la mira desde inicios de los años 80 a las bandas paramilitares y cuando llegó a la Fiscalía tenía claro que Carranza era uno de sus principales creadores e impulsores.

    "Había un proceso sólido (contra Carranza) dirigido por algunos de los mejores fiscales de ese momento", dijo Gómez Méndez en una entrevista con la AP.

    El ex funcionario sostuvo que para el arresto del esmeraldero contó con muy poca colaboración del ejército y la policía y que aquel fue hecho efectivo por agentes del Cuerpo Técnico de Investigación de la Fiscalía.

    Tras su detención, Carranza fue recluido en la sede de la Policía Judicial de Bogotá porque las autoridades sabían que en una cárcel común y corriente podía ser asesinado por sus múltiples enemigos, sobre todo de la guerrilla.

    En noviembre de 1998 Carranza fue acusado por los delitos de secuestro y conformación de grupos paramilitares en las regiones colombianas de la Costa Atlántica y los Llanos Orientales.

    De inmediato empezó a contratar los servicios de algunos de los mejores abogados del país, entre ellos dos ex magistrados y un magistrado actual de la Corte Suprema de Justicia.

    "Acepté defender a don Víctor porque él me juró que era inocente y que no tenía nada que ver en las cosas de las que se le acusaba", dijo a la AP el jurista Jorge Enrique Valencia, magistrado de la Corte Suprema entre 1989 y 1995.

    Tras la acusación por parte de la Fiscalía, el proceso contra el "Zar de las esmeraldas" llegó al juzgado presidido por el juez José Reyes Rodríguez.

    Años después de aquellos hechos, Rodríguez recuerda la presión que sintió por el hecho de ser el hombre que eventualmente podía condenar a Carranza. "Pero le advierto: ni me amenazaron ni me ofrecieron plata", dijo en entrevista con la AP en su actual oficina en la Corte Suprema de Justicia.

    Cuando estaba a punto de proferir sentencia -condenatoria o absolutoria-, Rodríguez fue separado del caso luego de que se iniciara en su contra una indagación disciplinaria por parte del Consejo Seccional de la Judicatura, la instancia que investiga y controla la rama judicial del país.

    Pocos después el esmeraldero fue absuelto por otro juez bogotano en una decisión que confirmó meses más tarde el Tribunal Superior de Bogotá.

    Sin embargo, sus líos judiciales no terminarían allí.

    En agosto de 2002 llegó a la presidencia el conservador Alvaro Uribe, quien un año después empezó un proceso de paz y desmovilización con las bandas paramilitares.

    El nombre de Carranza apareció rápidamente como uno de los promotores del paramilitarismo en el país. Incluso, el ex paramilitar Iván Roberto Duque, alias "Ernesto Báez", actualmente en prisión, aseguró en su momento en la Fiscalía que a Carranza no se le debía llamar el "Zar de las esmeraldas" sino "el zar del paramilitarismo".

    En contra de Carranza cursaban en la Fiscalía hasta el día de su muerte al menos dos procesos por los señalamientos que en su contra hicieron los ex cabecillas paramilitares y por una masacre perpetrada en julio de 1998 en el sureste del país, de acuerdo con datos recopilados por la AP.

    Pero esas investigaciones se quedaron en etapa preliminar mientras más de 60 ex congresistas terminaron procesados y condenados por las acusaciones que en su contra hicieron los mismos paramilitares que declararon contra Carranza.

    El esmeraldero, según el congresista Cepeda, nunca fue condenado porque contó con la protección de "las casas (élites políticas) que han gobernado a este país".

    Carranza nació el 8 de octubre de 1935 en Guateque, un municipio a unos 80 kilómetros al noreste de Bogotá y cerca de Chivor, otro poblado que siempre ha tenido fama de producir algunas de las más bellas y valiosas esmeraldas del mundo.

    "En el campo los pelados (o niños) empezamos a trabajar a los cinco años. Mi padre murió cuando yo tenía dos años, quedamos sin protección los seis hermanos y mi madre, teníamos una finca pequeña y éramos muy pobres. Me tocó abrirme paso", relató Carranza en una entrevista con el diario bogotano El Espectador en febrero de 2010.

    Le sobreviven al "Zar de las esmeraldas" su esposa Blanca Carranza y cinco hijos.